De las cenizas del fracaso

Las cenizas son la evidencia de un fuego pasado. A veces nos quemamos de tal forma que pensamos que somos un fracaso.  ¿Sabían ustedes que las cenizas se pueden utilizar como abono para otras plantas? . De las cenizas del fracaso puede nacer el éxito. Cuando yo era niño me gustaba mucho  bailar  coreografía y todo este tipo de cosas. En mi barrio teníamos un grupo. Éramos cuatro jóvenes, más o menos de edades entre 12 y 13 años, que hacíamos shows de bailes en cumpleaños y fiestas. Nos divertíamos mucho. 

Una vez nos invitaron a participar en un evento artístico que había en un club. Ante todo tenían que hacernos una audición. Fuimos con el disco porque obviamente lo que hacíamos era bailar,  no cantar. Cuando llegamos la persona que nos iba a recibir estaba arreglando un carro. Prepararon todo en una sala, pusimos el disco y empezamos a bailar. Recuerdo que la persona dijo “pero canten”,  porque él pensaba como que nosotros íbamos a cantar o lo que sea. Seguimos haciendo  nuestras coreografía que no estaba muy bien coordinada, nosotros no teníamos ni siquiera un coreógrafo, ni nada de eso.  ¿qué sabíamos nosotros? el señor dijo al cabo de un rato  “No, no, no, practiquen más y vuelvan después”. Luego  se fue de una vez. Eso quiere decir “basta no me gustó”. 

Que fracaso y que tristeza para nosotros que pensábamos que éramos la gran cosa pero, la verdad es que haciendo un análisis, nosotros ni siquiera practicamos tanto y no era que hacíamos unos bailes que se pudiera decir “wow que bailarines”. Lo nuestro era  algo ahí más o menos pero para fiestecitas de cumpleaños era genial. Nosotros íbamos y la gente se divertía viéndonos, en fin, no era la gran cosa.

Después de esto nos dimos cuenta de que había que practicar mucho. Intentamos ir a la televisión y lo logramos. Fuimos a un programa infantil, nos hicieron una audición que hasta la hicimos sin la música. Llevamos nuestro disco “longplay” igual que varios grupos pero no estaba funcionando el aparato. El señor Héctor montás, quién era el productor y animador del programa dijo “Bueno, háganlo sin música”. Imaginen que retó pero quedó muy bien y salimos en el programa. Fuimos las estrellas. Esos fueron nuestros 15 minutos de fama. Quedó muy bonito aquello pero bien, con el tiempo lo fuimos dejando porque en realidad, era algo pasajero. Lo importante es que ese primer fracaso, esa presentación no tan buena no nos amilanó.

Aprendimos que había que practicar más, que las cosas hay que tomarlas en serio. Cuando tú quieres dar un paso hay cosas que aprender.

Les puedo contar muchísimas otras anécdotas de este estilo pero ya, hablando de mi vida profesional les cuento esto: una vez acepte un puesto que bueno, no estaba yo tan preparado para hacerlo y me apresuré un poco porque la persona que ocupaba ese puesto se iba a ir. Ella era mi amiga y necesitaba que yo me pusiera rápido. Yo me engañé a mí mismo porque yo le dije que si, por ayudarla. La verdad que me costó mucho aprender y me di cuenta que me había apresurado y me pregunté ¿Este es el momento de Mi fracaso? ¿ya fracasé como profesional? . Lo que hice fue analizar qué puedo aprender de esto y bueno, que cuando voy a hacer algo nuevo tengo que estar seguro de que eso es lo que quiero. Por ayudarla me perjudiqué pero pude salir a flote. Las cosas fueron cambiando y luego pude cambiar a otro puesto que la verdad iba más con mis intereses. 

Si me quemé, esas cenizas fueron abono para un árbol frondoso. Me siento bien y puedo contarles esas anécdotas y muchas otras tranquilamente porque fueron aprendizajes para mí. Una de las cosas que puedo decir que aprendí también de esta anécdota en particular es que hay una gran diferencia entre la gente promedio y el que logra sus sueños. Es algo que había leído ya en un libro de John Maxwell.  No todos logramos nuestros sueños porque no hacemos suficiente. No dedicamos suficiente tiempo, no analizamos. 

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